La guerra de los chips: soberanía tecnológica, poder global y el nuevo orden del silicio

 


Introducción: el poder ya no está solo en la tierra, el petróleo o las armas

Durante buena parte del siglo XX, el poder internacional se midió por la posesión de petróleo, territorio, capacidad militar, rutas marítimas y reservas monetarias. En el siglo XXI, sin que esos factores hayan desaparecido, se ha impuesto una nueva infraestructura de dominio: el semiconductor. El chip avanzado es hoy la unidad mínima del poder tecnológico. Está en los teléfonos, los automóviles, las redes eléctricas, los sistemas financieros, los centros de datos, la inteligencia artificial, la industria militar, las telecomunicaciones y la vida cotidiana.

La llamada “guerra de los chips” no es una simple disputa comercial entre Estados Unidos y China. Es una confrontación por la soberanía tecnológica, por la autonomía industrial, por la seguridad nacional y por la capacidad de decidir quién diseña, fabrica, compra y controla las tecnologías que sostienen el mundo contemporáneo. En esa disputa aparecen nombres que hasta hace pocos años eran desconocidos para el público general: ASML, TSMC, SMIC, NVIDIA, Huawei, Samsung, Intel, AMD y DeepSeek. También aparecen conceptos técnicos como litografía EUV, nodos de 3 nanómetros, export controls, foundries, GPU, memoria HBM y cadenas globales de suministro.

Lo esencial es comprender que el chip no es solamente un producto: es una arquitectura de poder.

I. La litografía EUV: la luz que imprime el mundo moderno

Para fabricar un chip avanzado se requiere imprimir estructuras diminutas sobre obleas de silicio. Esa impresión no se hace con tinta, sino con luz. En los procesos más avanzados se utiliza litografía ultravioleta extrema, conocida como EUV por sus siglas en inglés: extreme ultraviolet lithography. Esta tecnología emplea luz de longitud de onda extremadamente corta, aproximadamente 13,5 nanómetros, para dibujar patrones microscópicos que luego se convierten en transistores.

El proceso parece casi inverosímil. En términos generales, una máquina EUV dispara láseres contra gotas microscópicas de estaño. Ese impacto genera un plasma que emite luz ultravioleta extrema. Luego, esa luz se dirige mediante espejos ultraprecisos hacia una máscara que contiene el patrón del circuito. Finalmente, la luz proyecta ese patrón sobre una oblea de silicio cubierta con material fotosensible.

La dificultad técnica es extraordinaria. La luz EUV no puede manejarse con lentes convencionales, porque es absorbida por casi todos los materiales. Por eso se requieren espejos especiales, superficies de precisión casi perfecta, vacío extremo, fuentes de plasma estables, software de control, sistemas de alineación y una cadena de suministro altamente especializada. No basta con tener una máquina: se necesita dominar una coreografía industrial de altísima complejidad.

Por eso ASML, empresa neerlandesa, ocupa una posición singular. Es la única compañía que ha logrado producir máquinas EUV de manera comercial y a escala para la fabricación de chips avanzados. Sin esas máquinas, los nodos más avanzados —como 7 nm, 5 nm, 3 nm y los próximos procesos sub-2 nm— serían mucho más difíciles, costosos o directamente inviables para producción masiva.

La consecuencia jurídica y geopolítica es evidente: quien controla la litografía avanzada controla una parte decisiva de la economía digital.

II. ASML, TSMC y el monopolio práctico del futuro

La cadena global de semiconductores no está concentrada en un solo país. Es una red altamente interdependiente. Estados Unidos domina gran parte del diseño de chips avanzados, software EDA, propiedad intelectual, GPU y arquitecturas de cómputo. Taiwán, mediante TSMC, domina la fabricación avanzada por contrato. Países Bajos, mediante ASML, domina la litografía EUV. Alemania y Japón son esenciales en óptica, químicos, materiales y equipos. Corea del Sur es crucial en memoria y fabricación. China, por su parte, es un gigante en ensamblaje, consumo, demanda tecnológica y creciente inversión industrial, pero todavía enfrenta brechas en equipos de fabricación avanzada, software, materiales y rendimiento productivo.

TSMC es el ejemplo más claro de concentración estratégica. No diseña todos los chips que fabrica; su papel es fabricarlos para terceros. Apple, NVIDIA, AMD y muchas otras empresas dependen de su capacidad industrial. Esto significa que buena parte de la economía digital mundial pasa por Taiwán. En términos de teoría política, Taiwán se ha convertido en una isla con valor sistémico: su importancia no deriva únicamente de su territorio, sino de su posición en la infraestructura material de la inteligencia artificial, las telecomunicaciones y el cómputo global.

Esta concentración genera una paradoja. Por un lado, la interdependencia reduce incentivos para una ruptura abierta, porque todos perderían. Por otro, aumenta el valor estratégico de controlar los puntos críticos de la cadena. La dependencia de ASML y TSMC funciona como escudo, pero también como vulnerabilidad.

III. China y la búsqueda de soberanía tecnológica

China ha entendido que depender de tecnología extranjera en semiconductores avanzados equivale a aceptar una forma de subordinación estructural. La guerra comercial iniciada durante la administración Trump, las restricciones de exportación intensificadas desde 2022 y las sanciones contra Huawei reforzaron esa percepción.

Desde la perspectiva china, los controles de exportación estadounidenses no son simples medidas regulatorias: son instrumentos de contención tecnológica. Desde la perspectiva estadounidense, esas restricciones buscan impedir que tecnologías de doble uso —comercial y militar— fortalezcan capacidades estratégicas de un competidor sistémico. Allí surge el núcleo jurídico de la disputa: ¿hasta dónde puede un Estado restringir exportaciones por razones de seguridad nacional sin convertir el comercio internacional en un instrumento permanente de hegemonía?

El CHIPS and Science Act de Estados Unidos, aprobado en 2022, combinó subsidios industriales, incentivos fiscales, fortalecimiento de investigación y reglas de seguridad para reducir dependencia externa. Paralelamente, China expandió sus fondos estatales para semiconductores, conocidos como Big Fund, incluyendo una tercera fase de inversión multimillonaria orientada a equipos, fabricación, materiales y autosuficiencia tecnológica.

La estrategia china no consiste solo en comprar chips. Consiste en fabricar la máquina que fabrica los chips. Esa diferencia es fundamental. Comprar GPU de NVIDIA resuelve una necesidad inmediata; construir litografía EUV, desarrollar chips propios, dominar memoria, empaquetado avanzado y software de diseño resuelve una dependencia histórica.

IV. El supuesto avance chino en EUV: entre la noticia y la prudencia

Los reportes recientes sobre un prototipo chino de litografía EUV en Shenzhen deben leerse con cuidado. Si China logró ensamblar un prototipo funcional de EUV, el hecho sería tecnológicamente relevante y geopolíticamente significativo. Sin embargo, un prototipo no equivale a producción industrial rentable, estable y de alto rendimiento.

En semiconductores, la distancia entre “funciona en laboratorio” y “produce millones de chips competitivos” es enorme. La fabricación avanzada exige rendimiento —yield—, estabilidad, mantenimiento, precisión, repetibilidad, software de control, materiales homogéneos y una cadena de proveedores capaz de sostener producción continua. Una máquina incompleta o parcialmente funcional puede demostrar capacidad científica, pero no necesariamente capacidad industrial.

Por eso el análisis debe evitar dos errores. El primero es subestimar a China. Su escala de inversión, su disciplina industrial y su capacidad de movilizar talento son reales. El segundo es asumir que un anuncio o filtración equivale a paridad tecnológica inmediata. ASML no es únicamente una empresa que vende máquinas; es la cúspide de décadas de acumulación científica, coordinación transnacional y dominio de proveedores únicos.

China puede estar cerrando la brecha, pero cerrar la brecha no significa haberla eliminado.

V. Derecho, sanciones y espionaje industrial

La guerra de los chips también es una guerra jurídica. No se libra únicamente con fábricas, sino con leyes, licencias, sanciones, listas de entidades, controles de exportación, litigios por propiedad intelectual y acusaciones de espionaje industrial.

El caso ASML-XTAL es ilustrativo. ASML obtuvo en Estados Unidos una sentencia millonaria contra XTAL por apropiación indebida de propiedad intelectual. Este tipo de litigios muestra que el conocimiento tecnológico avanzado no está protegido solamente por patentes visibles, sino también por secretos empresariales, software interno, ingeniería de procesos, know-how y prácticas acumuladas.

Aquí aparece una cuestión filosófica y jurídica delicada: ¿puede el conocimiento técnico ser plenamente encerrado dentro de fronteras corporativas o nacionales? La modernidad construyó una idea de ciencia abierta, universal y acumulativa. Pero la economía de los semiconductores muestra una tensión creciente entre ciencia como patrimonio común y tecnología como activo estratégico. Cuando el conocimiento se vuelve condición de poder militar, económico y político, los Estados tienden a securitizarlo.

La consecuencia es una transformación del derecho económico internacional. El libre comercio deja de ser la regla natural y se convierte en una concesión condicionada por la seguridad nacional. Las empresas tecnológicas dejan de ser actores privados ordinarios y pasan a ocupar una zona híbrida: son compañías comerciales, pero también piezas de infraestructura estratégica.

VI. NVIDIA, Huawei y la inteligencia artificial como acelerador del conflicto

La inteligencia artificial intensificó la guerra de los chips. Los modelos de IA requieren enormes centros de datos, GPU especializadas, memoria de alto ancho de banda, redes de interconexión y energía. NVIDIA se convirtió en símbolo de esta nueva fase porque sus GPU son esenciales para entrenar y desplegar modelos avanzados.

Las restricciones estadounidenses a la venta de chips avanzados a China buscaron limitar su acceso a capacidad de cómputo. Pero esas restricciones tuvieron un efecto secundario: incentivaron a China a acelerar su propio ecosistema. Huawei, sancionada por Estados Unidos, se convirtió en un actor central de la respuesta china. Su objetivo ya no es simplemente competir en teléfonos o telecomunicaciones, sino construir una arquitectura tecnológica nacional menos dependiente de Occidente.

El caso DeepSeek y otros modelos chinos de IA muestra que la competencia no depende únicamente de tener los chips más avanzados. También importan la eficiencia algorítmica, la ingeniería de software, la disponibilidad de datos, la optimización de entrenamiento y la capacidad de usar recursos limitados con mayor eficacia. Sin embargo, a largo plazo, la frontera de la IA sigue estando profundamente vinculada a la disponibilidad de cómputo avanzado.

Por eso la disputa por los chips es también una disputa por la inteligencia artificial. Y la disputa por la inteligencia artificial es, en último término, una disputa por la capacidad de organizar el conocimiento, la economía y la decisión política.

VII. Taiwán: la isla donde se cruzan la tecnología y la soberanía

Taiwán es el punto más sensible del mapa. China considera a Taiwán parte de su territorio y mantiene como objetivo histórico la reunificación. Taiwán, por su parte, conserva una identidad política propia y un sistema institucional separado. Estados Unidos sostiene una política de ambigüedad estratégica, apoyando la capacidad defensiva de Taiwán sin reconocer formalmente su independencia como Estado soberano.

La importancia de TSMC añade una capa nueva al conflicto. Una crisis militar en el estrecho de Taiwán no sería únicamente un problema regional: afectaría teléfonos, vehículos, servidores, inteligencia artificial, defensa, finanzas y cadenas de suministro globales. La economía mundial descubriría, de forma abrupta, hasta qué punto depende de una infraestructura concentrada en una isla.

Desde el punto de vista jurídico internacional, el caso taiwanés concentra las tensiones entre autodeterminación, integridad territorial, reconocimiento estatal, seguridad colectiva y estabilidad económica. Desde el punto de vista filosófico, revela una pregunta inquietante: ¿puede una comunidad política sostener su autonomía cuando su valor estratégico la convierte en objeto de deseo de las grandes potencias?

VIII. La paradoja de los controles de exportación

Los controles de exportación tienen una lógica comprensible: impedir que tecnologías sensibles fortalezcan capacidades militares o autoritarias de un rival. Pero también contienen una paradoja. Si se aplican de forma demasiado amplia, pueden acelerar precisamente aquello que buscaban impedir: la independencia tecnológica del adversario.

Al restringir el acceso de China a chips avanzados, Estados Unidos ganó tiempo. Pero también envió una señal inequívoca: China no puede confiar en el mercado global para sus insumos tecnológicos críticos. Esa señal convirtió la autosuficiencia en una prioridad existencial. La pregunta no es si China intentará reemplazar a ASML, NVIDIA o TSMC. La pregunta es cuánto tardará, cuánto costará y qué nivel de calidad alcanzará.

Esto no significa que los controles sean inútiles. Pueden retrasar, encarecer y complicar el avance tecnológico. Pero no eliminan la capacidad de un Estado con recursos masivos para perseguir una meta estratégica durante décadas. El derecho, cuando se usa como muro absoluto, puede transformarse en estímulo para construir otro sistema.

IX. Filosofía política del silicio: dependencia, técnica y libertad

La guerra de los chips obliga a repensar la libertad en clave material. Durante años se habló de internet, software, datos e inteligencia artificial como si fueran fenómenos etéreos. Pero toda nube tiene suelo. Todo algoritmo necesita electricidad. Toda inteligencia artificial necesita chips. Toda soberanía digital descansa sobre fábricas, máquinas, minerales, patentes, rutas marítimas y trabajadores especializados.

La técnica no es neutral cuando organiza las condiciones de posibilidad de la vida social. Quien controla la infraestructura técnica puede influir sobre la economía, la defensa, la educación, la información y la administración pública. Por eso la soberanía contemporánea ya no puede entenderse solo como control territorial. También implica control sobre capacidades críticas: energía, datos, cómputo, telecomunicaciones y semiconductores.

En términos filosóficos, el chip es el nuevo átomo político de la civilización digital. Invisible para la mayoría, pero determinante para todos.

X. Conclusión: no estamos ante una guerra futura, sino ante una guerra ya iniciada

La guerra de los chips ya comenzó. No necesariamente como guerra militar abierta, sino como guerra regulatoria, tecnológica, comercial, científica, financiera y jurídica. Sus campos de batalla son las fábricas de Taiwán, los laboratorios de Países Bajos, los fondos estatales chinos, las listas de entidades del Departamento de Comercio de Estados Unidos, los tribunales de propiedad intelectual, los centros de datos de inteligencia artificial y las cadenas de suministro globales.

El avance chino en litografía EUV, si se consolida, podría alterar el equilibrio tecnológico mundial. Pero todavía debe superar obstáculos industriales profundos. ASML conserva una ventaja difícil de replicar; TSMC mantiene liderazgo en fabricación avanzada; Estados Unidos domina gran parte del diseño y del ecosistema de IA; China avanza con escala, disciplina e inversión estatal.

Lo que está en juego no es solo quién venderá más chips. Está en juego quién podrá fabricar el futuro.

Y esa pregunta, aunque parezca técnica, es profundamente jurídica, política y filosófica.

Referencias

ASML. (2026). ASML reports €32.7 billion total net sales and €9.6 billion net income in 2025. ASML.

ASML. (s. f.). EUV lithography systems. ASML.

ASML. (s. f.). Light and lasers: Lithography principles. ASML.

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Bureau of Industry and Security. (2025). Commerce further restricts China’s artificial intelligence and advanced computing capabilities. U.S. Department of Commerce.

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Reuters. (2025). How China built its “Manhattan Project” to rival the West in AI chips. Reuters.

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U.S. National Science Foundation. (s. f.). CHIPS and Science. National Science Foundation.

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